Wednesday, August 17, 2005

LAS ANALOGÍAS (SEMEJANZAS)


A la derecha, Tobie Nathan. Abajo, una foto que muestra un procedimiento terapéutico con cacerola.


El etnopsicoanalista Tobie Nathan (1994), claramente influído por la antropología estructural de Levi-Strauss, señala la necesidad de hacer una influenciología, una ciencia que estudie los procedimientos invariantes que están a la base de la eficacia de los tratamientos psicológicos de diversas culturas. Esto lo hace con un claro énfasis pragmático-terapéutico, y no teórico-etiológico, considerando las grandes diferencias entre las teorías psicoanalíticas acerca de las enfermedades mentales y las de los pueblos tradicionales y, a pesar de eso, la eficiencia de los métodos terapéuticos tanto de unos como de otros.
Nathan establece la semejanza entre el psicoanálisis y las curaciones tradicionales no occidentales de la siguiente manera: según este autor, el marco de la terapia establece analogías entre distintos niveles, analogías que explica más o menos así: En psicoanálisis, el analista está en el diván, sentado detrás del paciente. A la vez, hablando metafóricamente, el inconsciente está debajo (psicología de las profundidades) o detrás de la consciencia (Freud lo expresaba así en La interpretación de los sueños). La analogía se hace evidente si se considera que el discurso interpretativo proviene del analista, que está fuera del campo visual del paciente, al igual que su inconsciente no le es accesible. Las interpretaciones buscan llegar al inconsciente. Además, en la trasferencia igualmente surge analogía: el analista puede decir: “el odio que me manifiesta hoy es similar al que sentía a los cinco años cuando pataleaba con su padre”. Entonces, las emociones infantiles del paciente(del pasado, olvidadas o reprimidas) son a las emociones transferenciales (actuales) del mismo lo que la interpretación es al discurso del paciente, lo que el diván es al sillón y lo que el inconsciente es a la consciencia. Desde luego, esta situación no es explícita, no sólo no para el paciente, sino tampoco (al menos, muchas veces) para el analista. El psicoanalista impone una inducción de razonamiento analógico, de analogías formales redundantes entre sí. Nathan señala que lo mismo ocurre en la curación que hace un jfif (terapeuta árabe) a un joven tunecino, que acudió junto a su familia a la terapia. “En una cacerola, el jfif funde trozos de plomo sacados de caños viejos. Cuando el plomo se vuelve líquido, el jfif lo pone en un recipiente de agua. Se oye un chiflido del vapor de agua que se eleva, y se ve cómo el metal adquiere una forma particular. El curador toma el plomo y lo muestra la familia y dice: “Una mujer cercana a la familia lo ha embrujado”. Puede agregar “Aquí se ve su nariz corva” (señalando una protuberancia del plomo), y “Esta mujer se llama Aicha”. Esto se hace durante varias sesiones, y al final del tratamiento el curador entrega a la familia los plomos. En este caso, el paciente vomitó una sustancia negra desde la segunda sesión. La familia reconoció en Aicha a una prima lejana del padre que les había ofrecido a su hija para casarla con el joven (lo que ellos no aceptaron). La familia destruyó las estatuillas de plomo, hizo algunos sacrificios y las cosas volvieron a estar bien. Al año siguiente, el joven y su pareja celebraron el nacimiento de una niña. La analogía es: el paciente padecía un delirio de tipo paranoide, que junto a su familia atribuían a brujería, pero no sabían quién era el causante. Existía una ronda de interpretaciones, pero la confusión era grande, sobre todo en el joven, considerando el delirio. El paso del plomo fundido al plomo solidificado es un momento en que algo toma forma, se hace concreto, igualmente, cuando se descubre quién es el hechicero algo indefinido toma forma. El momento del chiflido del plomo es semejante al “¡Eureka!” del descubrimiento del hechicero. La analogía entre el mundo subjetivo del enfermo (y de los familiares y el terapeuta) acerca de la enfermedad y el mundo concreto de los objetos materiales es una de las técnicas de terapia tradicional más efectivas para Nathan. Lo que ocurre en un nivel induce cambios en el otro, y Nathan señala que el universo de los objetos materiales es tan tangible, y los sucesos que ocurren en él tan incuestionables y evidentes, que el gatillado de sucesos semejantes en la vida psicológica de los enfermos se induce espontánea y fácilmente.
Respecto de esto, quiero rescatar también una forma de terapia de la que cuenta Michel Foucault (1964), en su libro Historia de la locura en la época clásica. Foucault muestra los cambios en el pensamiento médico durante los siglos XVIII y XIX (la “época clásica”) en Francia. En ese tiempo coexistían en torno a la enfermedad los discursos mítico-simbólicos cuyas explicaciones etiológicas ligaban las enfermedades y, en especial, la locura, a una alteración en el orden del universo, y las explicaciones fisiológicas relacionadas con un discurso positivista en desarrollo. La locura en especial se resistía a ser comprendida por este último tipo de discurso, y mantenía lo simbólico en las representaciones culturales y los abordajes terapéuticos, incluso los de la medicina oficial. Había, entre otros, tratamientos para el ardor del amor, ardor que se encontraba entre los apetitos desmesurados de la locura. En el tratado oficial Farmacopea, escrito por Lemery, que se encuentra una receta de castidad para las enfermedades nerviosas que consta de las características de un rito. “Tómese alcanfor, regaliz, simientes de viña y de beleño, conserva de flores de nenúfar, y jarabe de nenúfar... Se toman por la mañana dos o tres dracmas, y luego se bebe un vaso de suero de la leche en el que se haya apagado un hierro enrojecido al fuego”. El deseo y sus fantasmas se apagarán en la calma de un corazón, como esta pieza de metal ardiente se apaga en el más inocente y más infantil de los brevajes. En el nivel físico, la leche apaga el hierro ardiente, lo que induce cambios a nivel subjetivo, apagándose también, en la inocencia, el deseo sexual ardiente.Las terapias tradicionales no funcionan por “sugestión” o “placebo”, como la ciencia occidental, despectiva, suele suponer. Funcionan, al igual que las de nuestros psicólogos, induciendo una reorganización cognitiva y, desde luego, también afectiva. Jay Haley (1980), en su artículo Terapía No Convencional. Las Técnicas Psiquiátricas de Milton Erickson, muestra que Erickson establece analogías, a las que Haley llama “semejanzas” o “metáforas” entre distintos temas en el discurso. A una pareja que no lograba tener relaciones sexuales ni tampoco quería hablar del tema en la terapia, Erickson les habló acerca de la cena. Conversaron sobre cómo no podían ponerse de acuerdo, pues ella siempre quería una entrada primero, y cenar con calma, en cambio él quería cenar de una vez, ir rápido al plato de fondo. En cierto momento, ellos notaron que esto “se parecía” a lo que les pasaba con el sexo, pero Erickson desvió la conversación del tema, para volver en otro momento. Finalmente pudieron ponerse de acuerdo, esa noche tuvieron una muy grata cena y luego relaciones sexuales satisfactorias. Como vemos, Erickson no utiliza en este caso objetos materiales sino que establece semejanzas entre dos discursos referidos a temas diferentes y, al lograr cambios en uno se logran espontáneamente cambios en el otro nivel, transportándose éstos además a los actos de la vida cotidiana.Por su parte, en su explicación de la eficiencia de las terapias chamánicas entre los cunas, Claude Levi-Strauss (1958) muestra este mismo principio a la base. En su artículo La Eficacia simbólica, Levi-Strauss explica una curación relatada en un texto facilitado por los propios cunas a los antropólogos. Había una mujer que, en el parto, no podía tener a su hijo debido a los dolores que esto le provocaba. El chamán acudió a terapeutizarla, enmarcando la situación a través de su canto en un relato mítico en el cual el mismo chamán junto a sus espíritus protectores, los nelegan, entraban al útero de la enferma, para combatir con Muu, la potencia formadora del feto que ha rebasado sus atribuciones. Muu ha raptado el purba (alma) del útero. El chamán junto a sus espíritus libran un combate contra Muu y sus espíritus secuaces dentro del útero, estableciéndoese semejanzas entre lo que ocurre en el relato mítico y las experiencias subjetivas reales de la mujer. Mientras su vagina sangraba, según el relato “Muu chorreaba sangre”, mientras le dolía el útero, “los monstruos fantásticos agitaban sus brazos dentro del cuerpo de la mujer”. Así, para ella llegaba a anularse la diferencia entre los sucesos fisiológicos y los mitológicos, más aún, la realidad de lo que dice el canto del chamán es algo que ni ella, ni el propio chamán, ni nadie en su pueblo ha puesto nunca en duda. El canto termina cuando el chamán y sus nelegan derrotan a Muu, recuperan el purba y, poco a poco, descienden por el canal del parto. Mientras al comienzo habían entrado en fila india para que la vagina de la enferma no doliera aún más por tener que abrirse, ahora los héroes descienden marchando a paso firma, uno al lado del otro, de modo que para la mujer es pensable la apertura de su canal, y así ella da a luz. Nuevamente, los sucesos que ocurren en un universo (mítico), inducen cambios en otro nivel (físico). ¿Se puede decir que todo esto ocurre por “sugestión”? Si lo decimos de este tipo de terapéuticas tradicionales, debiéramos decirlo también de la psicología científica actual. Y es que no me resulta increíble pensar que los cambios en un nivel induzcan cambios en otro nivel mediante las semejanzas. Las terapias conductuales, fuertemente científicas y respetadas en su abordaje, muestran que los condicionamientos (asociaciones entre dos estímulos) se producen por tres principios: semejanza, contigüidad (espacial y/o temporal), causalidad. Cuando Watson condicionó al pequeño Albert lo hizo así: el niño jugaba en un principio con un hamster, desenvuelto y sin miedo. Watson comenzó a hacer que cada vez que el hamster llegara donde el niño, alguien al mismo tiempo golpeara con un gancho una barra de fierro que había en el techo, provocando un ruido estruendoso, sonido insoportable para el niño. Después de un tiempo, el ruido se había condicionado al hamster, el niño los había asociado y desarrollado una fobia a este animalito. Aquí el condicionamiento ocurre por el principio de contigüidad espacio-temporal. Sin embargo, existe un ejemplo muy similar, no en el conductismo sino en el psicoanálisis, en que ocurre lo msimo pero por el pincipio de semejanza. Freud explicó la etiología de la fobia de un niño, el pequeño Hans, por un desplazamiento. La ambivalencia del niño hacia su padre derivó en un miedo a los caballos, Freud explicó la generación, en la cadena asociativa, de esta relación padre-caballo, de varias maneras: una de ellas era que el padre de Hans jugaba mucho con él al “caballito”. La semejanza generó la inducción, lo que ocurría en un ámbito de la vida de Hans (su relación con su padre), derivó en que ocurriera algo análogo en otro ámbito: su relación con los caballos. Toda una analogía. Establezco entonces esta invariante entre el psicoanálisis y el conductismo en sus explicaciones etiológicas. Y así como los conductistas tienen recurren a la extinción de condicionamientos para superar las neurosis, es decir, separan dos estímulos temporal o espacialmente para que la persona no los asocie más entre sí, otros terapeutas recurren al establecer asociaciones, y éstas se establecen por semejanza a la vez que por contigüidad espacial y temporal, y a la vez que por causalidad. Están presentes todos los principios y, en ocasiones, como lo muestra Nathan, se establecen varias asociaciones a la vez, un cambio ocurre en varios niveles, y ocurre de manera semejante. Se establecen analogías lógicas, redundancias formales. Siendo así, no es nada de raro que se induzca también un cambio a nivel de la enfermedad.

Foucault, M. (1964). Historia de la locura en la época clásica I. México: Fondo de cultura económica.

Haley, J. (1980). Terapía No Convencional. Las Técnicas Psiquiátricas de Milton Erickson. Buenos Aires: Amorrortu.

Levi-Strauss, C. (1958). "La eficacia simbólica". En Antropología estructural. París: Plon.

Nathan, T. (1994). La influencia que cura. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.

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